sab 4a. Ordinario año impar (Id=125)
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Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de
todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.
Oremos:
Nos acogemos, Señor, a tu providencia, que nunca se equivoca, y te pedimos
humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda
contribuir a nuestro bien.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
No se olviden de practicar la generosidad
Lectura de la carta a los Hebreos
13, 15-17.20-21
Hermanos: Ofrezcamos a Dios sin cesar por medio de él un
sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su
nombre.
No se olviden de hacer el bien y de ayudarse mutuamente, porque en tales
sacrificios se complace Dios. Obedezcan a sus dirigentes y pónganse bajo su
autoridad, pues tienen que cuidar de ustedes y rendir cuentas a Dios. Procuren
que puedan cumplir este deber con alegría y no con lágrimas, pues esto sería
perjudicial para ustedes.
El Dios de la paz, que resucitó a aquél que por la sangre de la alianza eterna
vino a ser el gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, los capacite para
cumplir su voluntad con toda clase de obras buenas. Que él mismo realice en
nosotros lo que le agrada, por medio de Jesucristo, a quien corresponde la
gloria por siempre. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 22, 1-3a.3b-4.5.6
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.
El Señor es mi pastor, nada me
falta. En prados de hierba fresca me hace descansar, me conduce junto a aguas
tranquilas y renueva mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.
Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre.
Aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú estas conmigo; tu vara y tu bastón me dan seguridad.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.
Me preparas un banquete para envidia de mis adversarios,
perfumas con ungüento mi cabeza y mi copa está llena.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.
Tu amor y tu bondad me acompañan todos los días de mi vida;
y habitaré por siempre en la casa del Señor.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Dóminus pascit me, et nihil mihi déerit.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; yo las conozco y ellas me siguen.
Oves meae vocem meam áudiunt,
dicit Dóminus; et ego cognósco eas, et sequúntur me.
Aleluya.
Andaban como ovejas sin pastor
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
6, 30-34
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los apóstoles se reunieron con Jesús y le
contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo:
"Vengan conmigo a un lugar solitario, para descansar un poco".
Porque eran tantos los que iban y venían, que no tenían ni tiempo para comer.
Se fueron, pues, en la barca, ellos solos, a un lugar apartado.
Pero los vieron alejarse y muchos, al reconocerlos, fueron allí por tierra
desde todos los pueblos, llegando incluso antes que ellos.
Al desembarcar, vio Jesús un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran
como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Confiados
en tu misericordia, Señor, venimos a tu altar con nuestros dones a fin de que
te dignes purificarnos por este memorial que estamos celebrando.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
Restauración universal en Cristo
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre
y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo
nuestro Señor.
A quien hiciste fundamento de todo y de cuya plenitud quisiste que
participáramos todos. El cual, siendo Dios, se anonadó a sí mismo, y por su
sangre derramada en la cruz, puso en paz todas las cosas. Y así, constituido
Señor del universo, es fuente de salvación eterna para cuantos creen en Él.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos
sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el
oído y escucha mis palabras.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Padre Santo, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras, sino con
toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor
y así merezcamos entrar al Reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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